martes, 12 de octubre de 2010

COMENZAMOS EL ADOREMUS 2010-2011

El viernes 8 de octubre comenzamos el ADOREMUS, volviendo a la iglesia que nos vio nacer en Cartagena, la parroquia de San Antonio María Claret. Seguiremos teniendo el mismo horario con la misma estructura. Este año, en principio, no habrá ADOREMUS itinerante. Queremos ser puntuales para que los quieran, puedan participar de todas las partes.

A continuación incluimos un resumen del testimonio de apertua y presentación.


Hace muchos años, un hombre llamado Pilatos le preguntó a un galileo: “¿qué es la verdad?"
Frente a tantas actividades, cuestiones, obligaciones, opciones, etc. que nos rodean y que llenan nuestra vida, a veces, exigiéndonos nuestra atención e implicación, frecuentemente nos preguntamos, ¿y qué es lo auténticamente importante? O, dicho de otro modo y pensando que estamos de paso, de todas las posibilidades, ¿cuál/cuáles son las verdaderamente esenciales, principales?
Todo ser humano que se precie y que realmente estime su existencia, su deseo más profundo será “vivir en la verdad”. Por ello, la labor principal que tenemos es descubrir la verdad y, en la medida que la descubramos, vivirla; es decir, vivir en la verdad.
Entiendo que esta verdad se puede traer a la luz con las respuestas a las siguientes tres preguntas: ¿quién es Dios?, ¿quién soy yo? y, ¿cuál ha de ser la relación entre ambos? Vamos a responderlas:
1. ¿Quién es Dios? Es el Creador (no hay otro), el Redentor (no hay otro), el Señor (no hay otro)
2. ¿Quién soy yo? Soy criatura, redimida, hijo adoptivo.
3. ¿Cuál ha de ser la relación entre ambos? Reconocimiento recíproco y el trato derivado justamente del ser de cada uno.
Continuando con la respuesta a la tercera pregunta, sin tener porqué, la relación del Creador con la criatura es de puro y perfecto Amor gratuito. La nuestra es la de manifestación de nuestro ser con respecto al de Dios, y la manera más perfecta y fiel a la realidad es la adoración. El Magisterio de la Iglesia a través del regalo que es el Catecismo, nos dice que “la adoración es el primer acto de la virtud de la religión. Adorar a Dios es reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso. «Adoraras al Señor tu Dios y sólo a él darás culto» (Lc 4, 8), dice Jesús citando el Deuteronomio (6, 13)” (CIC 2096). Adorar al Señor es, por tanto, comportarnos con respecto a nuestra verdad ante Dios. “Adorar a Dios es reconocer, con respeto y sumisión absolutos, la «nada de la criatura», que solo existe por Dios. Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle, humillarse a sí mismo, como hace María en el Magnificat […]” (CIC 2097). “La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho y la omnipotencia del Salvador que nos libra del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el «Rey de la gloria» y el silencio respetuoso en presencia de Dios siempre mayor. La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas” (CIC 2628).
Y esta relación es tan “verdad”, que supera las fronteras de la existencia terrestre y apunta hacia la vida eterna: en buena medida será así. A través de la adoración prefiguramos lo que será el cielo. La Sagrada Escritura nos habla frecuentemente de esta realidad que nos espera y para la que hemos sido creados todos. Estamos llamados a estar ante el Cordero, como nos recuerda el Apocalipsis. En la Sagrada Forma, gracias al milagro de la transustaciación, Dios mismo, en la persona de Jesucristo, está realmente presente. Por ello, la adoración del Cuerpo de Cristo nos hace vivir ya aquello a que estamos llamados, ante su presencia auténtica.
Benedicto XVI nos ayuda a profundizar en el sentido de la adoración. “Es oportuno recordar, al respecto, las diversas acepciones que el vocablo “adoración” tiene en la lengua griega y en la latina. La palabra griega prokýnesis indica el gesto de sumisión, el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, cuya norma aceptamos seguir. La palabra latina ad-oratio, en cambio, denota el contacto físico, el beso, el abrazo, que está implícito en la idea de amor. El aspecto de la sumisión prevé una relación de unión, porque aquel a quien nos sometemos es Amor” (13-03-2009, Audiencia a los miembros de la Congregación para el Culto Divino).
El ADOREMUS cumple con estas dos acepciones. Tras el testimonio, ante el Señor en la Custodia, le adoramos sumisos en oración y reconocimiento de su Ser, poniendo el énfasis en el origen griego. Después, en la Comunión, ponemos de relieve la proximidad física, el beso que manifiesta su sentido latino.
En este curso, el ADOREMUS va a tener varias líneas prioritarias que serán reflejadas, especialmente, en la primera parte (el testimonio): la vida interior, la Jornada Mundial de la Juventud de 2011 en Madrid, profundizar en los tiempos litúrgicos y la vida de santos que tienen mucho que decir en los tiempos actuales.
Damos las gracias a D. Fernando, nuevo párroco de S. Antonio María Claret, que nos ha acogido en su parroquia para celebrar semanalmente el ADOREMUS.
Ponemos este curso bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen para que el ADOREMUS tenga los frutos que su Hijo le haya deparado.

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